El cenobita

junio 10, 2010

Un hombre que se ve y piensa a sí mismo. No hay expresión, no hay rostro. Resignación, sabiduría maldita. La poca luz que entra sólo recuerda qué tan oscuro es el recinto. Barrotes y tal vez una salida ahí, justo detrás, pero le da la espalda.

Yo vi cómo se pintaba este cuadro; recuerdo la habitación, sus libros, su energía. Yo tomé la foto que fue al catálogo de esa exposición. Recuerdo las conversaciones sobre arte y recuerdo la joda perenne. Me maravilla que de ese espíritu aparentemente tranquilo, ligero, equilibrado, pueda salir una obra tan oscura, llena de angustia. Nelson Jovandaric, primo (hermano debiera decir), devuelvo las palabras que un día me escribiste: me honra la sangre común que recorre nuestras venas.

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