Hace días vengo dándole vueltas a esta entrada. Quería hacerle este pequeñísimo homenaje a este… lo iba a llamar autor, pero como dice el título Juan David es más bien un amigo, un entrañable amigo. Anoche soñé con él y me siento obligado a escribirle, hoy, a mi muy querido Juan David García Bacca.

Yo he leído pocos autores; pero esos pocos, los he leído mucho. Uno de ellos es García Bacca. Recuerdo un pequeño librillo de introducción a la filosofía que era de mi madre; así lo conocí, sin mucho enganche para ser honesto. Sin embargo cuando estudié lógica me enteré que había escrito un tratado de lógica simbólica y matemática; el primero en lengua castellana. Lo escribió por allá por 1934. Me enganchó, ahora sí, con esa limpeza al escribir y la claridad (seguro heredada del latín). Luego empecé a devorar todo lo que me caía: Infinito, transfinito, finito. Sus Estudios literario-filosóficos, Teoría y Metateoría de la Ciencia, Transfinitud e Inmortalidad, Filosofía de la Música, Invitación a Filosofar según Espíritu y Letra de Antonio Machado, Introducción literaria a la Filosofía

Lo he leído mucho, a lo largo de casi 20 años… más de la mitad de mi vida. Recuerdo registrando en casa de mi tía algunos tomos de la Revista Nacional de Cultura: qué sorpresa y qué alegría encontrar un artículo escrito por él, sobre Andrés Bello, Simón Rodríguez o cualquier cosa de filosofía o letras. García Bacca me hizo conocer, a esa edad, a las personas importantes de mi país; él, que debió abandonar el suyo, a causa del atraso y la intolerancia. Así me enteré que anduvo por las aulas y pasillos de mi Universidad Central de Venezuela; la Casa que vence la sombra. He llorado emocionado cuando he caminado por la Facultad de Humanidades y pensado que Juan David (mi personal García Bacca) también lo hizo y trató de dejarnos un lugar mejor donde compartir esas alegrías que da la aventura del saber.

¡Qué manera de escribir el español, eh! Se conoce que lo inventa, lo crea y recrea mientras las ideas van y vienen; mientras lima y pule una frase. Pero también, ¡qué manera de escribir ciencia! Qué formas tiene una ecuación de hablarle y hacer que nos hable; qué maravilla es su fantasía excitada por esa álgebra oculta. Ahora que lo escribo me doy cuenta que mi manera de hablar sobre ciencia, de divulgar, debe mucho a él; espero que esto no le ofenda, en cualquier lugar del Hades que se encuentre.

Ayer me terminé sus Confesiones y confieso yo que me han conmovido. García Bacca es ejemplo de templanza y consecuencia ética, espiritual e intelectual. Rompió su atadura, librándose de aquel secuestro (esa fue la palabra que usó) total de alma, cuerpo, voluntad y se hizo libre para enseñarnos el camino y acaso animarnos a transitarlo.

Al leerlo, puedo oirle reir y hasta puedo verle guiñar un ojo. Puedo seguirle la pista con todo el gusto. Yo creo, a estas alturas del campeonato, que me acompañará un buen rato más; no me canso de leerlo. Yo no me he dedicado a la filosofía, pero él me ha mostrado un poco cómo se vive ésta, a sentirla y crearla.

Nota personal: Ayer te me apareciste en sueño. Me avisaron que vendrías y nervioso busqué mi libro de Transfinitud e Inmortalidad; quería que me lo firmaras. Es raro porque la vergüenza nunca me deja hacer esas cosas; qué bueno que en sueño sea uno más valiente. Te saludé y sonreí dándote el libro. Lo tomaste y se te salieron unas lágrimas mientras me dijiste “mira, y yo creía que ya no se leía mi obra, no dejes de leerme”. Me levanté inmediatamente, aún no me creo ese encuentro. Pero ahí estuvimos.

Aquí estoy y te sigo leyendo Juan David, amigo.

P.D: Discúlpame esta entrada en tono patético, no he querido pero así me ha salido.