Budapest’s Bells

junio 1, 2012

Watching the clock

While the train leaves

I would be in there

But now it is gone.

What should I do?

From Padova to Innsbruck

What is the next?

So now I can hear

The Bells of Budapest.

You did not wait,

Patiently searching, dim smile,

What a surprise!

There is no place to continue

There is no time to be flown

Just to look for and hear,

The bells of Budapest.

Hace días releía La Ilíada. Recuedo que la primera vez que la leí se me hizo casi imposible; esta vez fue invariablemente igual a la anterior pero encontré unos versos que me resultaron muy familiares. Los transcribo para ti:

“Como en un sueño, el perseguidor nunca lograba alcanzar al fugitivo que perseguía, y tampoco el fugitivo podía escapar claramente de su perseguidor, de modo que ese día Aquiles no logró alcanzar a Héctor, ni Héctor pudo escapar de él definitivamente”.

Esto parece el germen de una de las paradojas de Zenón. Las versiones que nos llegan hoy son más bien caricaturescas; el fragmento anterior es induscutiblemente terrorífico. Aquiles, más veloz que Héctor, se acerca a él pero no puede alcanzarlo. El hecho fundamental parece ser que Héctor es siempre o muy rápido o muy lento y es que el acento está puesto en la imposibilidad de alcanzar (ocupar el mismo punto del espacio). Recuerdo el argumento de La Opera de los Dos Centavos de Brecht: no te empeñes en perseguir la buena suerte, porque puede suceder que te adelantes y la dejes atrás.

Viéndolo mejor esto parece sacado de una pesadilla.

Qué sabroso es acercarse nuevamente  a los libros que uno ha leído y releerlos y sacarles más y más. Hace tiempo ya tuve que leer a Karl Popper para tratar sobre un tema del cual estaba escribiendo: el postmodernismo. Hoy me acerco a él sin un interés particular y más bien creo que es por una suerte de estrechez necesaria. Sus argumentos son contundentes, sólidos… y convencen.

septiembre 19, 2011

Qué hay de tus manos que refugian la noche

en la espera angustiosa de una larga pena,

en el libro perdido, la noche serena.

Sobre mi alma ciega, la historia triste.

Dice de un hombre joven cuya vela

no descansa. Y en su tranquilo afán,

sin apuro y sin desgana, teje el violento rojo

sobre la firme página que pasa.

Cenobita

septiembre 19, 2011

Si las manos del monje iluminan la sentencia,

paciente regalo de una vida sosegada,

cubra entonces de incipientes, laureles amargos,

el falso destino que acaricia mi morada.

  Si las manos del monje sostienen el acero y

por un azar del tiempo nos vemos cara a cara,

guárdeme entonces de toda impenitencia, mientras

rendido espero el humilde don que lo acompaña.

 

\Delta \clubsuit \Delta \heartsuit \ge \dfrac{\hbar}{2}

Mientras más rápido tomes una decisión, mayor incertidumbre sobre dónde terminarás; si piensas mucho dónde quieres estar, entonces las cosas se mueven con suficiente lentitud para creer que nunca sucederán.

III

mayo 8, 2010

a M.B.

Al pie de la colina

el general espera

aquel pueblo que acecha

la gloria del Imperio.

Salta un tono sombrío

en la punta del acero

grave lucha comete

la puerta del olvido.

‘Hoy mis dioses se han ido’

canta en antiguo verso

la traición de aquel destino

con vieja furia arremete.

Y no termina,

y no termina.