a Gabriela

Tengo un gusto por llevar las leyes de la física al plano personal; fue de las primeras cosas que se me daban más o menos bien al empezar a estudiar. Era como un juego: desdibujar su contexto y ponerlas en planos de sentires, emociones y afectos. No es responsabilidad de él, pero tal vez se lo debo a la maravillosa lectura del libro de Hewitt. Repito, Hewitt no es responsable de esta actitud que reconozco está en contra del código de buena conducta de todo físico respetable.

Uno de estos casos donde la física se me ha revelado fatal y a la vez hermosa es en la segunda ley de la termodinámica; en la irreversibilidad natural de los fenómenos físicos

Ay que le da
Que le da vamos a ver
El agua que se derrama
No se vuelve a recoger

La segunda ley es para mí aquello que diferencia la infancia y adolescencia de la adultez. Mejor dicho, es la conciencia de la segunda ley lo que marca la diferencia.

Hay un punto en la vida donde nos damos cuenta que las decisiones tomadas son irreversibles,

que la decisión tomada y el camino que andamos no pueden echarse atrás. Desde luego, es posible andar el camino y llegar a un punto que puede parecerse mucho a aquél donde estábamos, pero en realidad no es el mismo punto y acaso nosotros tampoco lo somos.

Al despedirme de ti, hace trece años en La Puerta, en ese momento, tomé la decisión de no ser feliz. Caben miles de razones que justifican porqué, pero el hecho es que te fuiste, y aunque sé que no es exacto decirlo, te dejé ir. Con el pasar de los días comprendí que no estarías a pesar de todo y nuestros caminos se volvieron senderos que se bifurcan. Fue mi primer contacto con la segunda ley.

La adultez no es tener cara amarrada ni andar de mal humor todo el tiempo o fumar cigarrillos o abusar del sexo, las drogas y el alcohol; ser adulto es tener la responsabilidad de asumir las consecuencias de esos actos y de muchos otros más. Afortunadamente, la vida me ha puesto ejemplos de adultos absolutamente comprometidos con su trabajo y totalmente encantadores, siempre dispuestos a ayudar a otros; adultos concientes de sus emociones y de la forma que viven y por eso, tal vez, parecen a otros ojos un poco inconcientes, libres y aniñados. Adultos en una forma más franca y humana.

La vida me ha puesto en situación de remediar aquello que ocurrió hace ya tanto tiempo y esta entrada es un poco dedicada también a todos aquellos que me han hecho, tal vez sin querer e irreversiblemente, mejor persona.