Sólo (sí, me niego a dejar de escribir los acentos) de pasada este nombre recuerda a quien pertenece. Nos queda el otro, el del artista y las grabaciones. A veces, como auditorio uno puede no gustar de lo que escucha y sin embargo percibir la personalidad y el genio del artista. No me gusta el bebop, yo soy un minimalista, aunque admiro y reconozco sus proesas y sé que manifiestan el sentir de una época. Hay una tragedia en toda esa generación de jazzers, un intento desesperado de comunicar y no conseguirlo (creo que nunca se consigue, el auditorio escucha lo que quiere escuchar).

Ayer tuve la oportunidad de ver en Films & Arts un capítulo sobre la historia del Jazz. Muy balanceada en lo técnico y humano. Ayer hablaron de bebop y Charlie Parker. Ayer vi fotos que nunca había visto y me conmovieron… Y leyeron los telegramas. Cuatro telegramas que le envió a su esposa cuando murió su hija. Un testimonio de dolor, de un ser humano que se desdibuja. Ayer 12 de marzo fue el aniversario de la muerte de Charlie Parker, no hay alegría pero sigue habiendo música.